Más allá de la escalera, todo parecía diferente; esperaba encontrar algo que valiese la pena, algo que me ilusionase, que me hiciese sentir especial. Tal vez, lo que todos buscamos…Pensé que al caminar y cruzar el río, todo sería mejor.
Pero menuda ignorancia la mía; desconocía, por mi propia voluntaria ceguera, lo bonito que era todo cuanto me rodeaba. Cuando crucé el río me sentí genial, pero cuando estuve una semana navegando en lo desconocido, logré darme cuenta de que el hogar es el hogar.
Oh, hogar dulce hogar…
Pero ya era tarde, si volvía atrás perdería todo el camino hecho-el cual era más que largo–, y quién sabría si todo sería mejor en las afueras. El firmamento era tan celeste como el agua en la que navegaba, la barca tan pequeña como mis zapatos, y el río tan inmensamente grande como mis angustiosas ganas de huir. Quería correr, aun no pudiendo, hasta llegar al castaño que me conocía desde hacía años.
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